Lumbalgia aguda: qué hacer durante las primeras 48 horas
Actualizado por Gianluca Strazzeri – Fisioterapeuta colegiado nº 7056
Si has sufrido un episodio de lumbalgia aguda, las primeras 48 horas son importantes para controlar el dolor y favorecer una recuperación rápida. Aunque la molestia puede ser intensa, la mayoría de los episodios mejoran notablemente en pocas semanas sin necesidad de pruebas de imagen o tratamientos invasivos.
Las recomendaciones con mayor respaldo científico son mantenerse lo más activo posible dentro de las limitaciones del dolor, evitar el reposo prolongado y comenzar a moverse de forma progresiva desde el primer momento.
¿Qué es una lumbalgia aguda?
Se considera lumbalgia aguda al dolor localizado en la zona baja de la espalda que dura menos de seis semanas.
Puede aparecer:
Después de levantar un peso.
Tras un movimiento brusco.
Al practicar deporte.
Después de muchas horas sentado.
Al levantarse por la mañana.
Incluso sin una causa clara.
En aproximadamente el 90 % de los casos no existe una lesión grave de la columna.
¿Qué ocurre en la espalda?
Aunque muchas personas piensan que «se han salido las vértebras» o que «tienen un disco fuera de sitio», esto rara vez ocurre.
Lo que suele suceder es una combinación de:
Irritación de músculos y ligamentos.
Inflamación local.
Espasmo muscular protector.
Mayor sensibilidad del sistema nervioso.
Disminución temporal de la movilidad.
Es decir, sentir mucho dolor no significa necesariamente que exista un daño importante.
Qué hacer durante las primeras 48 horas
1. Evita el reposo absoluto
Hace años se recomendaba permanecer varios días en cama. Hoy sabemos que esa estrategia retrasa la recuperación.
Permanecer inmóvil provoca:
Mayor rigidez.
Pérdida de fuerza.
Más miedo al movimiento.
Recuperaciones más largas.
Si el dolor es muy intenso puedes descansar unas horas, pero intenta levantarte y caminar varias veces al día.
2. Muévete dentro de lo que el dolor permita
No necesitas hacer ejercicio intenso.
Empieza con actividades sencillas:
Caminar cinco o diez minutos.
Cambiar de postura con frecuencia.
Levantarte cada treinta o cuarenta minutos si estás sentado.
Realizar movimientos suaves de la espalda.
El objetivo no es eliminar el dolor inmediatamente, sino evitar que el cuerpo se vuelva más rígido.
3. No intentes «colocar» la espalda
Es frecuente escuchar frases como:
«Tengo una vértebra fuera.»
«Necesito que me la coloquen.»
No existe evidencia de que la columna se desplace por un movimiento cotidiano.
Evita manipular la espalda por tu cuenta o dejar que alguien sin formación intente hacerlo.
4. Aplica calor si notas alivio
Aunque el calor no cura la lesión, muchas personas sienten una disminución temporal del dolor.
Puedes utilizar:
Una manta eléctrica.
Un saco de semillas.
Una bolsa de agua caliente.
No la apliques directamente sobre la piel ni durante más de veinte minutos seguidos.
5. Duerme en una postura cómoda
Dormir favorece la recuperación.
Si tienes dolor lumbar suele resultar más cómodo:
Boca arriba
Con una almohada debajo de las rodillas.
De lado
Con una almohada entre las piernas.
No existe una postura perfecta. La mejor será aquella en la que puedas descansar sin aumentar el dolor.
6. Evita cargar peso innecesariamente
Durante las primeras 48 horas conviene reducir actividades como:
Mover muebles.
Levantar cajas pesadas.
Trabajos físicos intensos.
Sin embargo, esto no significa dejar de moverte.
¿Qué NO debes hacer?
Durante los primeros días evita:
Permanecer todo el día en la cama.
Dejar completamente de caminar.
Buscar resonancias de forma inmediata.
Pensar que tienes una lesión grave.
Utilizar fajas durante todo el día.
Realizar estiramientos muy agresivos.
Levantar peso «para comprobar si ya estás bien».
¿Debo poner hielo o calor?
No existe una respuesta universal.
El hielo puede aliviar algunas lesiones recientes, mientras que el calor suele disminuir la sensación de rigidez muscular.
En la práctica, utiliza aquello que te haga sentir mejor.
Si ninguna de las dos opciones cambia tus síntomas, no son imprescindibles.
¿Necesito una resonancia?
En la mayoría de los casos, no.
Las guías clínicas recomiendan no realizar pruebas de imagen durante las primeras semanas salvo que existan signos de alarma.
Muchas personas sin dolor presentan:
Hernias discales.
Protusiones.
Desgaste.
Artrosis.
Por ello, una resonancia no siempre explica el origen del dolor.
¿Cuándo debo acudir al fisioterapeuta?
Solicita una valoración si:
El dolor limita tus actividades habituales.
No mejoras después de unos días.
Has sufrido varios episodios similares.
Quieres recuperarte antes y reducir el riesgo de recaídas.
Necesitas volver al trabajo o al deporte.
Un tratamiento precoz suele facilitar una recuperación más rápida y te ayuda a entender qué hacer y qué evitar.
¿Cuándo debo acudir a urgencias?
Busca atención médica inmediata si aparece alguno de estos síntomas:
Pérdida de fuerza importante en una o ambas piernas.
Incontinencia urinaria o fecal.
Pérdida de sensibilidad en la zona genital.
Dolor tras un accidente importante.
Fiebre acompañada de dolor lumbar.
Antecedentes de cáncer con aparición reciente de dolor.
Dolor muy intenso que no mejora en absoluto.
Estos casos son poco frecuentes, pero requieren una valoración médica urgente.
Ejercicios recomendados durante las primeras 48 horas
Siempre que el dolor lo permita, puedes realizar:
Basculaciones pélvicas
10-15 repeticiones.
Rodillas al pecho (una cada vez)
Mantén cinco segundos.
Gato-camello
Movimientos lentos durante un minuto.
Caminar
Entre cinco y quince minutos varias veces al día.
La intensidad debe permitirte terminar con una sensación igual o ligeramente mejor que al comenzar.
¿Cuánto tarda en mejorar una lumbalgia?
La evolución depende de cada persona, pero de forma orientativa:
Primeras 48 horas: suele disminuir el dolor más intenso.
Primera semana: mejora progresiva de la movilidad.
Entre dos y seis semanas: la mayoría de los pacientes recuperan su actividad habitual.
Algunos casos pueden prolongarse más tiempo y beneficiarse de un tratamiento específico.
Cómo evitar recaídas
Una vez desaparezca el dolor, lo importante es prevenir nuevos episodios.
Las medidas con mayor evidencia son:
Realizar ejercicio físico de forma regular.
Fortalecer la musculatura del tronco.
Dormir bien.
Mantener un peso saludable.
Evitar el sedentarismo prolongado.
Aprender estrategias para manejar el estrés.
No existe un ejercicio milagroso, pero sí un estilo de vida activo que reduce significativamente el riesgo de recaídas.
Preguntas frecuentes
¿Debo guardar reposo?
No. El reposo absoluto suele retrasar la recuperación.
¿Puedo caminar?
Sí. Caminar es una de las actividades más recomendadas durante los primeros días.
¿Es normal que me cueste incorporarme?
Sí. Es frecuente notar mayor rigidez al levantarse de la cama o después de permanecer sentado.
¿Debo usar una faja lumbar?
Solo en casos concretos y durante periodos cortos. Su uso prolongado puede favorecer la dependencia y reducir la activación muscular.
¿Es peligroso moverme si me duele?
En la mayoría de los casos no. El movimiento adaptado favorece la recuperación.
¿Necesito un masaje urgente?
No siempre. Dependiendo de la causa, la educación, el ejercicio y la terapia manual pueden combinarse para obtener mejores resultados.
¿Puedo trabajar?
Dependerá del tipo de trabajo y de la intensidad del dolor. En muchos casos es preferible adaptar la actividad antes que permanecer completamente inactivo.
Conclusión
La mayoría de las lumbalgias agudas evolucionan favorablemente si durante las primeras 48 horas se evita el reposo absoluto, se mantiene un nivel de actividad adaptado y se siguen unas pautas sencillas basadas en la evidencia.
Un episodio de dolor lumbar intenso no significa necesariamente que exista una lesión grave. Comprender qué está ocurriendo y actuar de forma adecuada desde el principio puede reducir el tiempo de recuperación y disminuir el riesgo de que el problema se cronifique.
Si el dolor no mejora, limita tu vida diaria o se repite con frecuencia, una valoración individualizada por un fisioterapeuta permitirá identificar los factores que están manteniendo el problema y establecer un plan de tratamiento adaptado a tus necesidades.
Bibliografía científica
Foster NE, et al. Prevention and treatment of low back pain. The Lancet. 2018.
Delitto A, et al. Clinical Practice Guidelines for Low Back Pain. Journal of Orthopaedic & Sports Physical Therapy.
Qaseem A, et al. Noninvasive Treatments for Acute, Subacute, and Chronic Low Back Pain. Annals of Internal Medicine.
NICE Guideline NG59. Low back pain and sciatica in over 16s: assessment and management.
World Health Organization. Guidelines for chronic low back pain.